Representaciones sociales en el ámbito escolar
El aspecto exterior
de una persona puede constituir una representación social, ya que generalmente incide
en la manera en que son tratadas y consideradas por su entorno. Los medios masivos
de comunicación y su influencia sobre las concepciones personales, inevitablemente
configuran preconceptos y apreciaciones sobre el contexto y los individuos que
se mueven en él.
A diario se
visualizan noticias sobre jóvenes problemáticos, de escasos recursos económicos,
que se alcoholizan, se drogan y cometen delitos. Mayoritariamente, se muestra a
estos chicos mediante un estereotipo superficial sumamente instalado en la
sociedad. Este patrón incluye ropa, corte de cabello, piercings, tatuajes y
formas de expresarse. Por lo regular, muchas personas se ven influenciadas por
estos conceptos, y estigmatizan y elaboran juicios prematuros sobre los individuos
que cumplen dichos parámetros.
Lo explicado anteriormente,
sin dudas condiciona el accionar de docentes, directivos y demás personal
perteneciente a la escuela. Quitando las suposiciones maliciosas, no es difícil
encontrar profesores que tengan en cuenta las dificultades potenciales que
pueden estar atravesando sus alumnos. Las representaciones sociales que tienen
incorporadas, les brindan la pauta de que sus estudiantes pueden transitar vidas
difíciles, con problemas y carencias que, a su vez, inciden directamente en el
rendimiento académico. Del mismo modo, surgen inquietudes con respecto a la
conducta y la rebeldía, propia de adolescentes que tal vez canalicen sus
frustraciones, a través de la violencia y la falta de respeto.
A mi modo de ver, las
representaciones sociales en el ámbito escolar se manifiestan a diario y
constituyen una guía personal que utilizan los sujetos para actuar. Como no todas
las personas son iguales, dependerá de las características psicológicas propias
de cada ser, para que dicha actuación sea fructífera o contraproducente.
Grupo:
* Paula Ballesteros
* María Vanesa Muratore
* Valeria Buldurini
* Analía Alfaro
* Sergio Veisaga
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