Un recuerdo de la escuela


Un recuerdo de la escuela

* “El regalo más importante de todos” (Por Sergio Veisaga).
A los 12 años conocí a una de las mujeres más influyentes de mi vida: Sandra Quinteros, profesora de Lengua, madre de 2 hijos y docente por convicción. Cada vez que entraba al aula irradiaba su alegría y nos contagiaba su sana obsesión por los versos, las tildes, los diptongos y las oraciones bimembres.
Por aquel entonces, yo era solo un niño que acudía a la escuela únicamente por obligación. Estudiaba con desgano, odiaba la lectura y me esforzaba por aprobar; con el único fin de no despertar el talento manual que tenía mi madre a la hora de usar el cinto. La escritura no se me daba muy bien, era muy limitado a la hora de redactar y mi caligrafía era digna de una receta escrita por un médico al borde de la jubilación.
Hasta ese momento, jamás había leído un libro por placer. Recuerdo que tenía en mi poder 55 ejemplares de “El Principito” de Saint-Exupéry, debido a que, en esos tiempos, junto a los portarretratos, eran los regalos más comunes que se solían llevar a las fiestas de cumpleaños. Básicamente los usaba como base para armar un ring de boxeo donde peleaban mis juguetes.
Como estudiaba para satisfacer a mis padres, la escuela se me hacía monótona y aburrida; pero ese año iba a ser muy diferente en el área de Lengua. La profesora utilizaba una metodología innovadora para aquel entonces y sus clases eran dinámicas y divertidas. Por primera vez una maestra había transformado el martirio en alegría.
Una vez nos pidió una producción escrita sobre algo que nos interese. En ese entonces, había visto una película sobre el holocausto judío durante la segunda guerra mundial y en el trabajo le comenté todo lo que me había generado ese largometraje. También le expresé que me había llamado tanto la atención, que quise buscar más información al respecto, pero lamentablemente había fracasado en mi intento. Vale recordar que en esa época no existía internet y el acceso a determinada bibliografía se hacía imposible para un niño de 11 años. Aún recuerdo con nostalgia, que la clase siguiente me llamó y, sin que mis compañeros se dieran cuenta, puso entre mis manos un libro. Al instante me dijo que me lo prestaba, pero con la condición de que me comprometa a leerlo: Era el diario de Ana Frank. Al principio fue una lectura un poco difícil, pero con un diccionario al lado, pude terminarlo. Sin darme cuenta, se había despertado una de mis otras pasiones: la Historia.
Cuando volví a tener clases con ella, me acerqué a su escritorio con la intención de devolverle el libro. Recuerdo vagamente que me preguntó sobre qué me había parecido y si me gustó la historia. Le respondí que sí y le comenté las partes que me habían impactado. No quería extenderme más, le di las gracias por el préstamo y puse el ejemplar en su escritorio. Ella me lo regresó y me dijo que me lo regalaba. Estoy seguro que notó mi entusiasmo y el brillo en mis ojos al hablar sobre el tema.
Esos momentos fueron los más significativos en mi vida escolar. Representó el instante en el que me abrí a un nuevo mundo. Y ella lo hizo posible. Los años pasaron y el gusto por la lectura y la escritura jamás se esfumó. Nunca quise ser un escritor profesional, ni un poeta; pero el hecho de haber entrado en el mundo de las letras, me permitió desarrollar muchas capacidades que hoy me son muy útiles a la hora de estudiar y desarrollar una gran cantidad de actividades.
Hace dos años, una tía que aún vive en mi pueblo, me contó que mi maestra había muerto. La hipertensión arterial le había jugado una mala pasada. Fue inevitable volver a recordar los momentos que describí anteriormente. Jamás llegué a agradecerle por haberme inculcado el amor hacia la lectura y la escritura; pero cada vez que escribo y vuelvo atrás afligido porque me olvidé de poner una tilde... Me acuerdo inconscientemente de ella. Me considero un afortunado por haberme cruzado con esa gran docente que transformó en un individuo razonable; a ese niño rebelde, que escribía la "b" como una "d", y que usaba los ejemplares de "El principito" como escenario de batallas entre Power Rangers.



* Mi experiencia en mi paso por la escuela secundaria (Por Claudia Siñanes)
     Una experiencia que recuerdo, fue cuando tuve que transitar mis estudios secundarios. A pesar de que era una escuela que contaba con una estructura edilicia precaria (de hecho, era alquilada) y que tenía escasos recursos didácticos (no había fotocopiadora, ni un libro para cada alumno), había tanta voluntad y predisposición a aprender de parte nuestra (los alumnos) que creo que nosotros motivábamos a nuestros profesores a trabajar en cosas nuevas. Una vez se nos solicitó trabajar en grupos para crear una empresa (ficticia) y recuerdo que éramos 6 personas trabajando en equipo, asumiendo distintos roles, ayudándonos, proponiendo y discutiendo ideas, aprendíamos contenidos y a relacionarnos. Y la experiencia creo que fue tan “significativa”, grata y provechosa para todas, que, de aquel grupo de seis, cuatro elegimos la “docencia” y creemos en el valor que ella encierra. Coloqué esta imagen porque, aunque van a demoler este edificio (E.N.E.T Nº 1 “Martina Silva de Gurruchaga”), sé que los mejores recuerdos los guardaré en mi interior.



* Ruth Tabarcache
Mi experiencia personal en el paso por la escuela pienso que fue bueno. Asistí a un colegio técnico en donde desarrollamos una gran cantidad de conocimientos teóricos y prácticos. Teníamos talleres basados en producción animal y vegetal. Aprendimos mucho sobre agroindustria, huertas, etc. Considero que el paso por esa institución marcó mi vida, ya que los profesionales de cada área me dejaron conocimientos que aún hoy en día aplico a diario.



Comentarios

  1. Buenas Sergio, después de leer tu blog y conocer un poco tu experiencia, afloran recuerdos de una docente en particular que conocí casi por casualidad, lamentablemente ella no estuvo ligada a mi estudios dentro del colegio, sino que me ayudo a terminar mi secundaria después de 10 años, (ella fue mi maestra de apoyo) dado que si bien curse toda mi secundaria y me quedo una materia colgando, que entre mi sabia que nunca la iba a rendir porque no tenia intenciones de hacerlo, por distintas circunstancias de la vida pensé ya tener mi vida hecha, pero mi esposa y esta docente no tenían el mismo pensamiento, ellas creyeron en mi y me demostraron que podía ser algo mas y buscar lo que siempre quise ser. Volviendo a tu trayectoria educativa, en particular me llamo la atención el hecho de como esta maestra desde una disciplina hizo que se despierte en vos el interés por la historia, lectura y escritura. Así mismo me gustaría saber si es que al igual que yo, sentís esa necesidad o tarea de ser esa figura docente para tus futuros alumnos, o si te intriga saber si vas a ser tan influyente en ellos.
    Si es así, a mi parecer creo que en nuestras manos esta el revalorizar la tarea docente porque en la actualidad nos enfrentaremos a estudiantes con poco o nulo interés lo cual hará de nuestra tarea un desafió interesante, ya que si bien nosotros trasladaremos nuestros conocimientos estaremos en reciproco aprendizaje, porque debemos amoldarnos a cada tipo de juventud que nos toque.

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